Hace unos meses escribí un prólogo para una investigación universitaria. Lo comparto por aquí:
Era 1977, la Guerra Fría mantenía en constante tensión al mundo
entero, y una cortina de hierro dividía al oriente de occidente, al capitalismo
del marxismo, a los capitalistas de los comunistas; el sueño americano hacía
dos décadas que estaba cayendo, empezaba a hablarse de terrorismo, de armamento
nuclear, de una tercera guerra.
Mientras tanto en el corazón del distrito teatral de Manhattan, en un
gran teatro ubicado en la 52 y Broadway,
una niña peliroja conmovía a niños y grandes cantando una pegajosa melodía que
rezaba “seguro que hay sol
mañana…”. En aquella obra de teatro,
aquella niña huérfana había sido abandonada durante la Gran Depresión y vivía
con la esperanza de encontrar a sus padres en medio de un país que con mucho
esfuerzo procuraba salir de la miseria.
“Annie” llegó en un momento histórico de Estados Unidos y del mundo entero,
proyectando un mensaje claro y concreto de esperanza para un país y una
sociedad enferma de desencanto.
Durante sus poco menos de 100 años de existencia, el género del
“Teatro Musical” ha utilizado los signos y elementos que le son propios para
ser espejo y motor de las sociedades occidentales; esta función específica que
tuvo desde su concepción, así como todos los signos y símbolos que le son
propios lo diferencía de otros géneros similares como el
vaudeville, la comedia, la
opereta o la zarzuela.
Siempre de la mano de la situación social, económica y política que la
rodea, este género fue impulsor de la cultura norteamericana en sus tempranas
expresiones durante los años 40, 50 y 60 con consagrados compositores como Cole
Porter, Rodgers y Hamerstein, Jerry Herman y Leonard Bernstain; pero también se
comportó rudo y contestatario a su realidad en las décadas subsecuentes con
propuestas que exigían un cambio de mentalidad al mundo como “Hair”,
“Jesucristo Superestrella” y “A Chorus Line”.
La generación “X” encontró en “Rent” un canal para expresar la
frustración que sentía por los problemas no sólo de salud sino de
incomunicación y soledad a finales del milenio pasado, y hoy día es común escuchar a grandes compositores pop de
nuestro tiempo como Elthon John, Bono y Cindy Lauper exponer su visión sobre la inclusión, el
sentido de vida y la relación padres e hijos a través de musicales que se
representan no sólo en Estados Unidos, sino en el resto del mundo.
En México, el musical también ha respondido a las necesidades sociales
de su tiempo, en los años setenta “El Sueño Imposible” de “El Hombre de la
Mancha” fue un himno para los jóvenes de la época que buscaban en medio de una
sociedad dividida por ideologías sociales
y políticas. El teatro que producía Manolo Fabregas era, quizá de forma
inconsciente, contestatario al desencanto social que vivieron las generaciones
mexicanas posteriores al 68.
Cuando en los años ochenta México hacía un esfuerzo grande por salir
de sus devaluaciones, obras musicales de corte alegre y de temáticas ligeras
como “Vaselina”, “Mame” y “Títere” fueron espectáculos fuertemente aplaudidos y
hoy son todavía gustosamente recordados por la audiencia mexicana de aquella
época; y
los primeros esfuerzos por traer espectáculos de Broadway como Cats, La
Bella y la Bestia y Expreso Astral
también respondían al deseo mexicano de ver un teatro musical a la
altura del teatro que se hacía no sólo en Estados Unidos sino en todas las
grandes capitales del mundo.
La globalización nos ha permitido hoy día, adoptar el género del
teatro musical como un género propio de una generación, sin importar el origen
o la historia que haya tenido y los discursos que propone cada una de sus obras.
Hoy los mensajes encriptados en estas propuestas teatrales no son propios, y
aunque en su mayoría no fueron creados en nuestro país nos hablan de una realidad que vivimos.
Como muchas de las expresiones artísticas y culturales de la aldea
global, el teatro musical nos encontró y se volvió parte de nuestra vida
cotidiana antes de que pudiéramos entenderlo, analizarlo, comprenderlo y
dominarlo; y cada día que pasa nuestro país asimila y aprende más de esta noble
expresión teatral.
Es por eso que un estudio serio y profundo del tema, realizado por
especialistas en comunicación se convierte en una ventana a conocimientos
ilimitados, a descubrimientos sorprendentes, al reconocimiento de caminos y
métodos hasta hoy ignorados que permitan una mejor penetración del modelo que
el musical utiliza para generar un mejor impacto y conseguir de manera más
eficaz el objetivo último para el que el género originalmente fue creado.
Sería meope de nuestra parte considerar que el género solamente es una
herramienta de entretenimiento, porque hacer esa declaración anularía las
posibilidades ilimitadas que tienen la música, los libretos y el desarrollo de
personaje que hace cada interprete para hacer del teatro un medio de
comunicación con un discurso concreto, cuyas reglas evitan que se convierta en
un evento masivo y le permiten mantenerse como una expresión artística que
tiene todas las características necesarias para que exista un medio óptimo en
que el recepetor capte y decodifique subjetivamente un mensaje.
Hacernos preguntas sobre el
teatro musical, plantear hipótesis sobre este género, indagar y escudriñar en
los métodos que se utilizan a nivel local, a nivel mundial y en Broadway, que
es actualmente el centro de creación y distribución de este sistema de
comunicación nos permitirán dar un siguiente paso o muchos siguientes pasos en
un empleo más eficaz de este medio de comunicación y expresión.
Mirando atrás y comparando sus humildes inicios en los años 20s,
cuando los empresarios teatrales contrataban follies (bailarinas) para
representar historias con suntuosos escenarios y vistosos vestuarios, al
detonador comercial y fuerte impulsor de conceptos e ideas en que se ha
convertido el distrito teatral de Nueva York nos permite ver que las
posibilidades de crecimiento, de impacto y de cambio son innumerables; y son
precisamente los jóvenes, los abanderados de las nuevas generaciones, quienes
tienen una mayor responsabilidad en conocer, cultivar y transformar en algo
mucho más grande al teatro musical no solo como género teatral sino además como
ejercicio social, como medio de comunicación, como herramienta propagandística
y como expresión artística.