Por Sergio Alvarez
El 20 de julio de 2012 estaba en Aurora, Colorado, impartiendo un taller de teatro. Esa noche tuvimos una dinámica y terminamos tarde, cerca de las diez. Los amigos con los que impartía el taller y yo salimos corriendo del lugar del curso porque teníamos boletos para el estreno de “Batman, The Dark King Returns”, ya no había lugar en el cine que nos quedaba más cerca así que tuvimos que hacer un viaje de media hora en coche a Denver, para verla en un cine del centro de la ciudad.
Esa noche, en el cine que estaba cerca del lugar de nuestro curso, un chavo de 25 años de edad entró con armas de fuego y empezó a dispararle a los asistentes a la función; mató a 12 personas e irió a 70… entre los muchos “¿qué hubiera pasado si…?” que me surgieron cuando salimos de nuestra función y nos enteramos de esta tragedia, pensaba “¿Qué hubiera pasado si este muchacho, que está comprobado que tiene un coeficiente intelectual privilegiado, hubiera estado con nosotros esa noche haciendo teatro… ¿habría decidido de todos modos ir a matar gente a un cine?.
Si bien es verdad que l a salud mental y el equilibrio emocional son el resultado de una combinación de muchos factores, también es cierto que practicar una disciplina artística regula muchas de nuestras emociones, desarrolla nuestro cerebro, pero sobre todo, nos permite enfocar nuestro cerebro hacia la creación.
Jonathan Larson, en su musical RENT, dice que “lo opuesto a la guerra no es la paz, es la creación”. Vivimos en un mundo que hace la guerra todos los días, no solo países contra países, estamos polarizados, basta darse una vuelta por Twitter para ver la capacidad de destrucción que solamente con palabras tienen muchas personas. La destrucción se nos da natural, por cultura, por costumbre, quizá por instinto de sobrevivencia. Tendemos a la destrucción, construir o crear nos ocupa, nos toma tiempo, nos exige poner mayor atención, estar más atentos, desarrollar más habilidades, trabajar en equipo, ceder, compartir, convivir, motivarnos, comprometernos… ¿y si el chico de Aurora hubiera desarrollado estas habilidades, de todos modos hubiera asesinado a tanta gente?...
Algunos CERESOS en el País tienen programas de teatro para los internos, hay muchos testimonios en internet de cómo tener una actividad artística como el teatro les permite a los reclusos mejorar su relación consigo mismos y su relación con los demás, hay obras escritas por ellos que son verdaderas catársis sobre la realidad social en la que crecieron y los traumas que les fue generando durante su vida.
Las posibilidades del teatro son infinitas, así como las posibilidades de la música, la pintura, las artes en general, un muchacho que toca una guitarra se queda sin manos para agarrar una guitarra.
¿Qué siente un chavo que ha vivido despreciado, oprimido, quizá golpeado, cuando un público le aplaude su trabajo y lo felicita por su actuación?, ¿qué siente un padre que está encerrado por un crimen cuando su familia va y disfruta de su presentación en una pastorela?... el arte siembra esperanza, siembra buenos sentimientos, siembra autoestima, siembra creatividad.
Me atrevo a decir
que antes de enseñar a trabajar a las personas debiéramos enseñarles a hacer
arte, porque el trabajo nos va a permitir ganarnos la vida pero el arte nos va
a asegurar el bienestar del espíritu. La creación artística permite que brote
lo mejor de ti, te enfoca en la creación, en la construcción, en la
proactividad…
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